El techo te lo pones vos: crecer tambiEn es aprender a reconocer
lo vivido
A veces creemos que hay límites invisibles que nos dicen hasta dónde podemos llegar. Como si alguien ya hubiera decidido qué es demasiado grande para nosotros, qué sueños son exagerados o qué caminos son imposibles.
La vida está llena de oportunidades, algunas enormes y otras pequeñas, casi escondidas. Están en un viaje que dudás en hacer, en un proyecto que te da miedo empezar, en una idea que parece demasiado ambiciosa. Muchas veces no es que las oportunidades no existan, sino que el miedo, la costumbre o la inseguridad hacen que levantemos un techo demasiado bajo sobre nuestra propia vida.
Aprovechar las oportunidades no significa no tener miedo. Significa animarse igual. Significa decir “¿y si sí?” cuando la mente empieza a llenarse de “¿y si no?”. Cada decisión valiente, cada paso que damos fuera de lo conocido, levanta ese techo un poco más.
Con el tiempo descubrís que los límites no estaban afuera, sino en la forma en que mirábamos nuestras posibilidades. Y cuando te permitís intentar, equivocarte, volver a empezar y seguir soñando, el techo empieza a desaparecer.
Porque al final, las oportunidades siempre están ahí, esperando a que alguien tenga el coraje de tomarlas.
Y ese alguien podés ser vos.
Aprender a mirar hacia atrás
Hay una frase que cada vez cobra más sentido para mí: “el techo lo ponés vos”. Durante mucho tiempo pensé que los límites estaban afuera, en las circunstancias, en las posibilidades, en lo que parecía realista o no. Pero con el tiempo empecé a entender que muchas veces el único techo que existe es el que uno mismo se impone.
Y algo que me pasa mucho últimamente es darme cuenta de que a veces ni siquiera soy consciente de todo lo que ya hice y todo lo que ya viví. Uno está tan enfocado en lo que falta, en lo que quiere lograr o en el próximo objetivo, que se olvida de mirar hacia atrás.
Se olvida de reconocer los caminos recorridos, los lugares visitados, las experiencias que en su momento parecían imposibles y hoy forman parte de la historia personal.
A veces me freno a pensar en eso y me sorprendo.
En los momentos que viví, en las decisiones que tomé, en los sueños que de a poco se fueron convirtiendo en realidad. Y entonces aparece otra reflexión que me gusta mucho: recién tengo 26 años.
Todavía hay tanto por descubrir, tantos lugares por conocer, tantos proyectos por intentar.
Eso también es una oportunidad.
Una frase que nunca olvidé
Una vez, uno de mis mejores amigos me dijo algo que se me quedó muy grabado.
En medio de una charla simple me dijo:
“Fio, vos no tenés techo.”
En ese momento me reí, pero con el tiempo entendí lo que quería decir. No hablaba de no tener límites, sino de no ponerme yo misma uno demasiado bajo.
Porque muchas veces somos nosotros los que achicamos nuestros propios sueños antes de intentarlo. Los que dudamos de si vamos a poder, de si es demasiado o de si vale la pena intentarlo.
A veces siento que todavía estoy aprendiendo a confiar más en mí misma. A reconocer lo que ya logré y a no ponerle un techo demasiado bajo a mis propios sueños. A recordarme que no hace falta tener todo claro para avanzar, que muchas veces las mejores cosas llegan cuando uno simplemente se anima.
Porque cada decisión valiente, cada paso que damos fuera de lo conocido, cada intento —incluso los que no salen como esperábamos— levanta ese techo un poco más.
Todo lo que todavía puede venir
Quizás de eso se trata este momento de mi vida: de seguir explorando, de seguir soñando, de seguir aprovechando cada oportunidad que aparece.
Porque si todo esto ya pasó en solo 26 años…
imagino todo lo que todavía puede venir.
A veces la vida no necesita que tengamos todas las respuestas. Solo necesita que tengamos la valentía de seguir intentando. De aprovechar las oportunidades cuando aparecen, de confiar un poco más en nosotros mismos y de recordar que muchas veces somos más capaces de lo que creemos.
Porque al final, el techo no está en el mundo.
Todavía hay tanto por descubrir.
Tantos lugares por conocer.
Tantos proyectos por intentar.
Tantas historias que todavía no viví.
El techo lo ponés vos.
Y también sos vos quien puede decidir levantarlo cada día un poco más.