Mis peores errores de viaje (para que vos no los repitas)



En Instagram mis viajes se ven divertidos y lindos: atardeceres, comida, sonrisas perfectas. Lo que no subí fue la foto mía sentada en el piso de un aeropuerto a las 3 de la mañana, horas de espera, ciertos momentos incómodos, buscando buses que me lleven a mi hostal o esperando ubers para ir a los hoteles y preguntándome en qué momento se me ocurrió viajar.

Así que hoy toca sinceridad amigos. Acá van mis metidas de pata más gloriosas, con la esperanza de que te ahorres algunas.


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1. La valija "por si acaso"


Llevé tres pares de zapatos, un vestido "por si hay una cena elegante" (no la hubo) y un secador de pelo que no funcionaba con los enchufes de allá. Terminé arrastrando 23 kilos por escaleras y calles empedradas, sudando y odiando cada una de mis decisiones.

Lo que aprendí: armá la valija, sacá un tercio y volvé a mirarla con cara de pocos amigos. Ropa que combine entre sí y lavar en el camino. Y lo que te olvides, casi seguro lo venden allá. La gente de otros países también usa medias. En mi último viaje a Polonia, dejé un montón de cosas nuevas que hasta ahora me arrepiento. 

2. Querer verlo TODO


En mi primer viaje largo armé un itinerario digno de un triatlón: una ciudad nueva cada dos días. Resultado: volví agotadisima y conozco media Europa desde la ventanilla de un bus. O me quede con 5 cafecitos en Buenos Aires, cuando tenia como 30 opciones. 

Lo que aprendí: menos lugares, más tiempo en cada uno. Dejá medio día libre cada tanto, sin plan. Te prometo que las mejores historias aparecen justo ahí, cuando te perdés a propósito, además siempre descubris un nuevo lugar.

3. La tarjeta que me abandonó


Segundo día de viaje. Voy a pagar la cena, toda feliz. "Tarjeta rechazada". El banco la había bloqueado por "movimientos sospechosos". Sospechoso era que yo tuviera tan poca plata en efectivo y ninguna otra tarjeta. Esa noche cené un pan.

Lo que aprendí: avisale a tu banco antes de viajar, llevá al menos dos tarjetas de bancos distintos y guardalas en lugares separados. Y siempre, siempre, un poco de efectivo local escondido. Jamás cambies en el aeropuerto!!!!

4. "Seguro de viaje para qué, si no me va a pasar nada"


Famosas últimas palabras. Un tobillo torcido bajando una escalera (ni siquiera haciendo algo épico, bajando una escalera) y una consulta médica en el exterior me costaron más que el seguro que no quise pagar. Tambien asegúrate de llevar remedios básicos, como antialérgicos. No como yo sabiendo mi amor por los camarones y con mis ganas de comerlos, 1 hora después con la cara llena de ronchas en Portugal y sin ningun medicamento en la mochila. 

Lo que aprendí: sacá seguro, siempre. Fijate que cubra lo médico, el equipaje y las cancelaciones de vuelos. Además, varios países te lo piden para entrar, así que ni lo discutas.

5. El pasaporte casi vencido


Llegué al aeropuerto feliz de la vida y la chica del mostrador me miró el pasaporte con cara de preocupación. Le quedaban pocos meses, y algunos países piden una vigencia mínima. Fueron los diez minutos más largos de mi vida.

Lo que aprendí: revisá con tiempo el vencimiento del pasaporte, las visas, las vacunas y los formularios de ingreso. Y consultá siempre la página oficial del consulado, no el foro de un desconocido de 2014.

6. Comer frente al monumento famoso


Pagué el triple por la pasta más triste que comí en mi vida, con vista a una plaza preciosa. La vista estaba buenísima. La pasta, no tanto. En Milán me salio carisimo, encima Juventus perdiendo ese día. Imaginense. 

Lo que aprendí: caminá dos o tres cuadras lejos de la zona turística. Buscá lugares llenos de gente local, con el menú escrito solo en el idioma del país, o andá directo al mercado. Ahí está la comida rica de verdad. Por favor, vayan a los mercaditos!!

7. El vuelo de las 7 de la mañana


Lo compré porque era más barato. Genial. Lo que no pensé es cómo iba a llegar al aeropuerto a las 5, cuando no había ni un bus andando. El taxi me salió más caro que la diferencia del pasaje. Matemática financiera nivel experto (aca en Paraguay tampoco me sale muy bien lo de las matemáticas, pero confia).

Lo que aprendí: antes de comprar, averiguá cómo llegar y salir del aeropuerto a esa hora. A veces el pasaje un poquito más caro termina siendo el más barato. A veces el hotel tiene servicio de transfer. 

8. Todo en el celular, y el celular perdido


Reservas, fotos del pasaporte, contactos de emergencia… todo en un solo lugar.. Que, obviamente, se te puede caer en algún lugar entre el tren y el hotel. Algún desconocido quiso prestar pero sin avisarte y se fue corriendo jajaj wink wink. Lo que aprendí:  Copias de tus documentos en la nube y en el mail, una copia impresa en la valija y un par de teléfonos importantes anotados en papel, como en la época de nuestros abuelos. Funciona.

9. Ver el viaje a través de una pantalla


Tengo como 200 fotos de una cascada que, si soy honesta, casi ni miré. Estaba muy ocupada buscando el ángulo perfecto.

Lo que aprendí: sacá la foto y guardá el teléfono. Quedate un ratito mirando, escuchando, oliendo el lugar. Esos recuerdos no se pierden aunque se te caiga el celular (ver error número 8 jeje).



Moraleja amigos:


Cada error me dejó una lección y, sobre todo, una anécdota buenísima para contar. El viaje perfecto no existe, y menos mal, porque sería bastante aburrido. Pero viajar un poquito más preparada, eso sí se puede.